La Habana siempre ha tenido una relación de amor y respeto con su litoral, pero este fin de semana, ese respeto se transformó en precaución absoluta. La llegada de un nuevo frente frío ha recordado a los capitalinos la fuerza implacable del Atlántico, dejando imágenes de un Malecón sitiado por el mar y calles que, por unas horas, se convirtieron en extensiones del océano.

Lo que comenzó como un descenso agradable de las temperaturas el sábado por la tarde, rápidamente escaló a una situación de alerta. Según el Instituto de Meteorología de Cuba (INSMET), el sistema frontal ha traído consigo vientos sostenidos entre 35 y 50 km/h en el occidente. Curiosamente, mientras el centro y oriente de la isla reportan lluvias escasas o aisladas, el verdadero protagonista en La Habana ha sido la penetración del mar. El agua salada se adentra en las zonas bajas de El Vedado y Centro Habana, afectando sótanos y plantas bajas.

Más allá de las estadísticas meteorológicas, el impacto social es evidente. El despliegue de la Cruz Roja y la Defensa Civil ha sido inmediato para proteger lo más valioso: la vida. Mediante evacuaciones preventivas, familias residentes en las zonas de mayor riesgo fueron trasladadas a lugares seguros ante el avance del agua. Se ha dado prioridad a ancianos y niños que viven en edificaciones cercanas al litoral, muchas de las cuales sufren el deterioro acumulado por el salitre. El tráfico por la Avenida de Maceo ha sido suspendido, obligando a la ciudad a modificar su ritmo habitual.

Para el habanero, el "frente" es una mezcla de alivio térmico y tensión logística. Mientras algunos disfrutan del abrigo, quienes viven a escasos metros del arrecife vigilan con preocupación cada embestida del mar. La resiliencia se manifiesta en el vecino que ayuda a subir muebles o en los equipos de rescate que patrullan bajo el viento cortante.
Este evento subraya, una vez más, la vulnerabilidad de la capital ante el cambio climático y la importancia de la preparación comunitaria. Aunque el frente continuará su paso hacia el este, las huellas del salitre y la humedad tardarán unos días en secar, dejando a La Habana con el recuerdo de un invierno que siempre se vive con intensidad.

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