Sobre el tema de las preguntas, desde la década de los 60 del siglo pasado, en el aula de cuarto grado, escucho sobre los beneficios de las interrogantes, lo cual se reforzó al estudiar Periodismo en 1968 cuando un condiscípulo leía un texto que relacionaba el tema con periodistas, abogados y policías.
La esencia del escrito era a quién había obligatoriedad de responder, pero la charla se extendió hacia médicos a quienes una respuesta incorrecta, podría acarrear tratamientos nefastos para la cura y la vida.
Durante una cobertura en la zafra del 70, este redactor dejó una conversación inconclusa con el experimentado Santiago Cardosa Arias, por entonces corresponsal de Granma en la provincia de Las Villas.
Antes de terminar la charla obligados porque comenzaba la reunión que estábamos reportando, el colega sentenció que para los de la prensa escrita, la técnica a dominar no era tanto de hablar, sino de escribir después de haber elaborado bien las preguntas.
Sobre el asunto volveremos en ocasión del cumpleaños 147 de Albert Einstein el próximo 14 de marzo, pues hoy nos concentramos específicamente en la importancia de saber la dosis exacta de información tanto para aprender como para tomar decisiones.
Y comentaremos exclusivamente la información sobre el sistema eléctrico nacional (escrito con minúsculas por no ser el nombre de ninguna entidad) y que además de brindarse por medios tradicionales se difunde en redes sociales.
Resulta comprensible que luego de recibir los datos quedemos contrariados porque no es lo deseable, y además, se trata de una situación prolongada y cada vez peor sin que estén a la vista soluciones en los plazos queridos por la mayoría.
Ante los apagones fue justo el reclamo de conocer los horarios para reacomodar las actividades de la vida personal, familiar, laboral y social, de modo que pudieran esquivarse los golpes de la interrupción de la energía que mueve casi todo lo que usamos.
Tal vez sea por la lógica de que el que más sabe más quiere saber, a nuestros alrededores empezaron a aumentar el interés por preguntar las causas de que no se pudiera aplicar el programa de rotación de apagones.
También se agregaron informaciones sobre los motivos de déficits de capacidad de generación por encima de los pronósticos, y hasta han llegado a darse en tiempo real cuando ocurren averías o accidentes, que son hechos imprevistos.
Y empezaron las complicadas preguntas: ¿Qué se rompió? ¿cuándo lo arreglan? ¿cuándo lo terminan de arreglar? Ante la infinidad de interrogantes, hubo una positiva reacción de ampliar las informaciones.
Afortunadamente, abundan los casos, pero no es la totalidad la que más que información para adecuar horarios, quieren aprender electricidad durante los partes diarios sin siquiera saber de qué color es el cable positivo ni el negativo.
Sobre el tema, mi vecino colaborador que exige el anonimato afirma: No pregunto ni qué se rompió porque yo no soy el que lo voy a arreglar pues no sé ni es mi trabajo, me conformo con que me digan el más o menos de cuándo tendré o no luz y yo trataré de responderme: ¿qué hago para resolver mi problema?
- Consulte además: El enemigo no es la reunión

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