Celebremos bien los que nos merecemos y como más beneficie a la familia nacional. No nos dejemos arrebatar, ni regalemos a las sombras, un solo quantum, el mínimo haz que nos toque, avive el orgullo y cohesione; por esa llama común que nos distingue: nuestra riqueza musical. Tampoco dejemos que nos deslumbre o enceguezca el modo en que se sirve nuestra propia intensidad. Justipreciemos el alumbrón en su meridiana medida y colocación. En un devenir prefigurado por una historicidad y una trama compleja de motivaciones e intereses.
Una vez más, la legendaria cantante prestigia a los Grammy Latino, al asociar su historia y su “excelencia musical” con la marca competitiva. Su nombre ilumina la lista de nominados, su más reciente fonograma Eternamente Omara, realizado junto al productor Roberto Fonseca, opta por el galardón en la categoría Mejor Álbum Tropical Tradicional.
Nuestra Omara se mostró feliz e ilusionada por esta nominación, al afirmar en sus redes sociales, que se “sentiría profundamente satisfecha por tantos años de trabajo, dedicación y amor por la música”, si su disco nominado “llegara a ganar”. “Estoy muy contenta y feliz de que, a mis 95 años, mi disco Eternamente Omara, un proyecto que realicé junto a Roberto Fonseca, productor musical haya sido nominado a los Latin Grammy”, añadió esta gloria de la cultura nacional.
Compartamos la felicidad que le provoca la noticia de su inclusión en la lista de nominados. Su esperanza en sortear las barreras con las que choca un artista cubano radicado en su Patria, por el mero hecho de seguir acá.
Recordemos que en 2019, Omara Portuondo fue reconocida con el Premio a la Excelencia Musical de los Grammy Latinos. Un premio especial, otorgado por votación del Consejo Directivo de La Academia Latina de la Grabación, a artistas que han realizado contribuciones creativas de excepcional importancia artística en el campo de la grabación durante sus carreras. Y en 2023, prestigió a “la Academia”, al ser premiado su disco Vida, en la misma categoría en la que ahora compite.
El álbum Eternamente Omara se distingue por las revisitas de grandes canciones del repertorio cubano, desde el antiquísimo "Noche de Ronda" (1935) al más recientes " Demasiado" (2010). Con arreglos que expanden, desde la atmósfera intimista del Filing, un arco romántico, con sazones alegres, retoques de jazz y giros muy contemporáneos, como es característico en las recreaciones musicales de Roberto Fonseca.
También por sus variopintas colaboraciones. En "Quizás, Quizás, Quizás", primer tema que se lanzó, se hace acompañar por la joven cantautora argentina Nathy Peluso. El resultado es un sugestivo empaste de dos voces femeninas muy distanciadas en estilos, registros y edad. En "Noche de Ronda", los honores corresponden al joven talento español Pablo López; mientras en Guantanamera, la acompañante elegida fue Angelique Kidjo, consagrada cantante nativa de Benín quien interpreta los versos de Martí en lengua yoruba, afianzando el estrecho vínculo con el sustrato africano. Silvio Rodríguez participa en su bolero "Demasiado", incluído originalmente en el álbum Segunda Cita.
Además de Omara, otros siete cubanos han sido nominados a la edición 27 de los Grammy Latinos. En la misma categoría de Mejor Álbum Tropical Tradicional, coinciden Dayhan Díaz, con "Algo nuevo de ayer" y Leoni Torres, con "Cualquiera se enamora". Completan la representación del archipiélago Tania León, Yeisy Rojas, Gonzalo Rubalcaba, Alex Cuba y Yainer Horta. También, la Academia entregará el venidero 9 de noviembre, durante la Latin Grammy Week en Las Vegas, el Premio a la Excelencia Musical al cantautor cubano Francisco ‘Pancho’ Céspedes.
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Socialicemos y destaquemos lo que se informa en la lista de cubanos nominados por la " Academia Latina"; de una Política Cultural inclusiva, de un sistema de instituciones formativas que han prodigado con un talento cultivado a otras tierras, academias y escenarios. Red sostenida con mucho esfuerzo, pese al impacto de las sanciones colectivas del imperio estadounidense, en su afán de apagarlo todo. El que acumula resultados en lides internacionales más rigurosas. Los que allí aparecen, no son marcas registradas, armadas y promocionadas por poderosas disqueras, son artistas con obras genuinas, de sobrados valores estéticos.
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Más acá de los titulares, deberíamos ahondar descolonizadamente en el reconocimiento Grammy, no en el particular de nuestra Omara, sino en la totalidad en que el alegrón nacional se diluye. Valorar el acto mismo de categorizar y evaluar, que se auto atribuyeron ambas "academias", asentadas en EE.UU., para calificar a los demás, al resto del mundo; manteniendo ese halo de superioridad de lo wasp, más rastreable en los resultados finales que en las nominaciones.
Así como urge, diseccionar la recepción acrítica de tales calificaciones, donde solemos colocar a los premios gringos siempre arriba de cualquier otro, de los nuestros y de los organizados fuera de la "meca" estadounidense, del centro del “Capitalismo Mundialmente Integrado”. Partiendo desde el origen mismo y la intención colonizadora del término "latino". Llegando hasta la preponderancia del calificativo importado "Diva del Buena Vista Social Club" sobre el más auténtico de "Novia del Filing".
Las dos versiones de los Grammy son campo de disputas, donde el reconocimiento artístico y la estrategia comercial negocian constantemente. Se presentan como "Academia", pero operan como maquinarias económicas, bajo lógicas comerciales. Y como lo hace en nombre de la "excelencia musical", necesita sostener este rasgo de marca con la aparición en sus selecciones de significantes como Omara. La frase "Grammy-nominated" opera como un símbolo-herramienta, como un activo de marketing masivo. La lista de nominados les sirve para sostener y amplificar su prestigio global, tanto su credibilidad "académica" como su preponderancia mediática, a costa de la significaciones que portan los artistas que reconocen y que participan en sus espectáculos, su principal fuente de ingresos.
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Cual he apuntado, la marca Latin Grammy posiciona su credibilidad al reconocer a estas grandes figuras de la cultura musical "latina". Y lo hace sin crear conflictos con sus socios (partners), ni bajar la atracción de sus galas televisadas. También se honran los músicos que votan anónimamente por esta figura legendaria, de culto. Por esa satisfacción que se regalan, al contribuir en un resultado justo, donde primó el criterio estético.
La separación que implica la existencia misma de los Grammy Latinos, desde el 2000, ha de interpretarse como una línea de demarcación que evitaba que los astros latinos "amenazaran" la ceremonia principal, la de los anglosajones.
Lo denunció el músico cubano Juan de Marcos, la eliminación de categorías latinas en los Grammy anglosajones, tales como Latin Jazz, Regional Mexicana y Polka, le "quita diversidad a los premios y posibilidades a los intérpretes de raíz que no pueden vender discos subsidiados por grandes corporaciones". El jazzista puertorriqueño Bobby Sanabria fue aún más lejos, calificando la medida de "racista, injusta" y con un fin económico de beneficiar a las grandes compañías discográficas.
La historiadora Petra Rivera-Rideau ha señalado que, si bien los Grammy Latinos fueron diseñados para ser "amigables, étnicos y despolitizados", en la práctica continúan estando "plagados por controversia" en términos de diversidad musical y debates políticos. Un análisis crítico publicado por Outras Palavras lo resume con crudeza: el Latin Grammy funcionó como una "premio paralelo" que evitaba que los artistas latinos compitieran en las categorías principales.
Aunque el CEO de la Academia Latina de la Grabación, Manuel Abud, ha defendido que estos premios "no son un concurso de popularidad ni de ventas" sino de "excelencia musical", y que el criterio de los premios es "100% basado en excelencia musical". Su declaración contrasta con los hechos, con las estructuras de poder que en las listas se proyectan, con la relación ambigua e incoherente que se dado entre “la Academia” y las marcas que impulsan comercialmente la “música latina”.
En tales premios se proyecta una "geopolítica del conocimiento" que como Walter Mignolo señaló, no es una producción de saber neutral, sino anclada en un locus de enunciación concreto. Los estándares de "excelencia" y "autenticidad" que impone "La Academia" son los del Norte global, y las producciones del Sur son medidas con esa vara. La categorización que hacen los Grammys se constituyen en modalidades de una clasificación universal de la población en torno a la idea de "raza", eje fundamental del poder moderno. Un sistema que ordena, jerarquiza y clasifica la producción musical según criterios raciales y geopolíticos.
Pues entonces, que el alumbrón sea también de conciencia. A Omara lo que es bien suyo y ha conseguido orgánicamente, su brillo auténtico, y al "Gueto Dorado" del Grammy, lo que su poderosa maquinaria suele ocultar.

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