El Día Internacional de las Personas de Edad o personas de la tercera Edad se celebra el primer día del mes de octubre establecido por la ONU en el año 1990 con el fin de garantizar la igualdad de oportunidades, el acceso a los cuidados, la autorrealización, la dignidad y la justicia para las personas de la tercera edad.
La celebración adquiere especial relevancia en Cuba, país que atraviesa una profunda transformación demográfica en este sentido. La población envejece, disminuye y se concentra cada vez más en las ciudades. Esta realidad influye directamente en la economía, los servicios de salud, las pensiones, las familias y las políticas públicas.
Según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), entre el 25,7 % y el 26,7 % de la población cubana tiene 60 años o más, una proporción que sitúa al país entre los territorios más envejecidos de América Latina y el Caribe. Este proceso responde a diversos factores: la baja fecundidad, el aumento de la esperanza de vida, la disminución de los nacimientos y la migración de personas jóvenes en edad laboral y reproductiva. El resultado es una estructura demográfica cada vez más madura, con importantes consecuencias para el presente y el futuro de la nación.
La población cubana alcanzó su mayor cifra histórica en 2016, cuando llegó a 11 239 224 habitantes. Sin embargo, al cierre de 2024 el número se había reducido a 9 748 007 personas. De acuerdo con la ONEI, entre 2020 y 2024 el país perdió alrededor de 1,4 millones de habitantes.
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Esta reducción está relacionada con un crecimiento natural negativo. En 2024 se registraron 128 098 defunciones frente a 71 358 nacimientos. Es decir, murieron más personas de las que nacieron, una tendencia que se mantiene en Cuba desde 2020. La natalidad también continúa descendiendo. Del 2020 al 2024 los nacimientos estuvieron por debajo de 100 000, mientras que la tasa global de fecundidad se situó en 1,29 hijos por mujer, la cifra más baja registrada en la historia del país.
El acceso limitado a la vivienda, la incertidumbre laboral y las aspiraciones profesionales influyen en los proyectos familiares de muchas parejas, lo que condiciona la decisión de tener hijos de la población reproductiva.
Igualmente por la escasez de viviendas en numerosos hogares deben convivir más de una generación ,esto influye en que los jóvenes estén destinados a la convivencia con adultos mayores que necesitan cuidados, y deben asumir responsabilidades de atención y acompañamiento. Tal razón puede retrasar o reducir la decisión de tener descendencia.
La baja fecundidad y una mortalidad superior a los nacimientos acelera la reducción de la población. Al mismo tiempo, la migración externa afecta especialmente a los grupos jóvenes, esenciales para la fuerza laboral y el potencial reproductivo del país.
Cuba registra un saldo migratorio negativo desde hace décadas. En 2024, el saldo migratorio externo fue de 251 221 personas. Una parte importante de quienes emigran son personas jóvenes y económicamente activas. Cuando este grupo abandona el país, disminuye el número de trabajadores disponibles y también la cantidad de personas en edades reproductivas.
El envejecimiento poblacional constituye un nuevo desafío para la salud Pública, por tal razón debe garantizar cuidados continuos, integrales y adecuados. En este proceso resulta esencial fortalecer la atención primaria de salud, la prevención, la rehabilitación y el seguimiento de las enfermedades crónicas.
También es necesario ampliar las casas de abuelos y los hogares de ancianos, instituciones pertenecientes al sistema de salud pública. En ambos espacios, las personas mayores pueden participar en actividades culturales, recreativas y de rehabilitación que contribuyen a mantenerlas activas y vinculadas con la comunidad. Actualmente en el sector privado se han creado centros de cuidados de adultos mayores que incluye servicios domiciliarios, apoyo a las personas cuidadoras, centros de día y programas comunitarios.
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En las ciudades muchos adultos mayores se enfrentan a barreras arquitectónicas, por tanto se deben crear espacios públicos y viviendas seguras. También es necesario promover en las comunidades la participación social de las personas mayores para evitar su aislamiento. Ellas representan un aporte valioso para la sociedad y su participación en actividades productivas, culturales, educativas y comunitarias favorece su autonomía y contribuye a combatir los prejuicios asociados a la edad.
El envejecimiento poblacional no debe entenderse únicamente como un problema. También es el resultado de avances sociales que permitieron elevar la esperanza de vida y mejorar la supervivencia de varias generaciones. El desafío consiste en garantizar que esos años adicionales que experimentan nuestros adultos transcurran con salud, autonomía, protección e inclusión Lograrlo no es difícil si trabajan conjuntamente el Estado, las comunidades, las familias y los especialistas.
El papel de las familias en la educación de los jóvenes y el compromiso de toda la sociedad con el cuidado de las personas mayores juega un importante rol para que las nuevas generaciones comprendan que envejecer dignamente es un privilegio, pero también un derecho.

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