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sábado, 9 de mayo de 2026

Lo que quiero yo, madre cubana

Las madres cubanas tenemos derecho a saber que nuestros hijos estarán a salvo...

Yeilén Delgado Calvo
en Exclusivo 09/05/2026
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Maternar en paz, un reclamo por el bien de nuestros hijos.
Maternar en paz, un reclamo por el bien de nuestros hijos.

Este año, por primera vez, mi hija me ha escrito una carta de felicitación. Está en primer grado y hace unos días aprendió a leer, a escribir y calcular.

Cuando me enseñó esa hoja un poco arrugada, con tres corazones y fecha del domingo –no pudo aguantarse y me la entregó el jueves– el corazón me dio un brinco. Pero cuando la leí, con sus palabras de letras «comidas», y adiviné el esfuerzo para lograr unas oraciones a su mamá, sentí una emoción que me dejó al borde de la lágrima.

Ella es mi primogénita, la bebé que gesté con miedo, que parí con esfuerzo y dolor indecibles, aquella de cuya cuna apenas me atrevía a separarme. Y ahora ya escribe cartas.

Solo quien sabe lo que de entrega, asombro y trabajo implica criar y, por ende, ser testigo de la vida de una persona, puede aquilatar el valor de cada logro, y de cada retribución del afecto que se da sin esperar a cambio más que el bienestar y la felicidad del otro.

A pocas horas del Día de las Madres, con la carta de mi hija, y el mohín celoso de mi hijo (que no puede quedarse atrás y enseguida fue a apachurrarme) lo primero que pensé fue que ha valido la pena todo lo pasado este año, que ha sido mucho.

Desde que inició el 2026, quienes vivimos aquí experimentamos la lógica incertidumbre y agobio de quienes están sometidos a un cerco casi medieval.

Estados Unidos aprieta las tenazas, para rendir a Cuba, y las madres y los padres estamos entre quienes más lo sufrimos. No es solo lo material, aunque mucho de ello nos cueste, como vestir, calzar, alimentarlos, o lograr que duerman durante las noches calurosas sin corriente eléctrica, sino también la preocupación constante: ¿nos agredirán?, ¿cómo los mantendremos a salvo?, ¿qué deparará el mañana?

Cuando la vida cotidiana se complica, maternar o paternar también; a veces a la escuela no ha llegado el arroz, a veces no hay agua, a veces no tenemos cómo plancharles el uniforme, y la mayoría de las ocasiones se hace la tarea a la luz de una lámpara o de un teléfono.

Pero mientras tanto ellos deben seguir siendo felices, así que compramos las galleticas y las pizzas, les ponemos una palangana con agua en la terraza, evitamos hablar en su presencia de la guerra, y protegemos los logros y sueños a que tienen derecho.

Así que si me preguntan qué quiero para el Día de las Madres, la verdad que ni flores ni pañitos de cocina, ni un cake ni una salida. Lo que quiero es paz para que mis hijos crezcan, y soberanía para que se sientan orgullosos de su tierra.

Quiero que nunca sepan cómo suenan los misiles, y que siempre puedan ufanarse de ser de la tierra de Elpidio Valdés, de Martí y de Fidel. Que amen su bandera, su himno y las palmas, y que aprendan que no todo tiene precio.

Quiero que la palabra Patria esté en su vocabulario, y también que la prosperidad no deba construirse sobre la renuncia a la gloria que se ha vivido.

Quiero que salgamos de este año indemnes, y que nos dejen respirar, porque las niñas y los niños merecen corriente, comida, poder adquisitivo, y todo aquello que construye el bienestar; incluida la dignidad, porque puede que no se coma, pero alimenta.

Las madres cubanas tenemos derecho a saber que nuestros hijos estarán a salvo. Es un planteamiento obvio, pero tal como va el mundo, parece que debemos gritarlo muy fuerte.


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Yeilén Delgado Calvo

Periodista, escritora, lectora. Madre de Amalia y Abel, convencida de que la crianza es un camino hermoso y áspero, todo a la vez.


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