¿De qué escribo esta semana? ¿De qué? La pregunta me persigue. Creo que es uno de los inconvenientes fundamentales de llevar adelante un proyecto de largo aliento: la motivación y la creatividad fluctúan, porque no siempre se está igual de enfocado ni las condiciones son las ideales.
Pensé en escribir sobre el padre brasileño que asesinó a sus dos hijos, de 12 y ocho años, con una escopeta, y luego se suicidó, no sin antes dejar una publicación en Instagram, en la cual acusaba a su esposa, y madre de los niños, de serle infiel. Esa era su manera de castigarla.
La madre fue abucheada en el funeral de sus hijos, y en las redes sociales se la insultó. ¿Dónde queda la conciencia de que ninguna infidelidad justifica que un hombre mate a dos niños con una escopeta? ¿Y si hubiese sido al revés? La violencia vicaria (forma de violencia de género en la que el agresor daña a los hijos e hijas para hacer sufrir a la madre) es un tema que, sin dudas, deberá tratarse en esta columna.
También valoré escribir sobre los therian, la sensación viral del momento: personas (en su mayoría jóvenes) que dicen identificarse con un animal y replican las conductas de estos en espacios públicos.
Lo que me ha alarmado no es el fenómeno en sí (que no creo sea tan masivo ni duradero) sino el trasfondo de muchas publicaciones, que lo usan de excusa para cuestionar las diversidades sexogenéricas, y la autopercepción a ellas asociadas.
Es muy peligroso, porque para nada es lo mismo que su adolescente venga a decirle que se siente perro, a que le confiese que es homosexual o que no se identifica como mujer u hombre. Pondríamos entonces a nivel de capricho algo tan trascendente en la vida de una persona como su orientación sexual o identidad de género; y ya sabemos cuánto sufrimiento ha generado la poca comprensión sobre ese tema en muchísimas familias.
Sin dudas, habrá que escribir alguna vez sobre ese asunto.
Muchos sucesos, como madre, me interesan, y trato de analizarlos desde una perspectiva humana y empática. Porque creo que es un deber para con mis hijos.
La maternidad es también un proyecto de resistencia. Tal y como a veces no sé de qué tratará esta columna, en ocasiones no intuyo cómo terminaré el día criando, de qué forma superar una mala etapa, cómo sobrevivir al cansancio.
Pero siempre se encuentra la manera. Seguir y confiar en que aparecerá un destello de luz, y llegarán los días fáciles, como las columnas escritas de un tirón “por inspiración divina”.
Escribir y maternar. Maternar y escribir, y no olvidar que el mundo precisa de nuestro pensamiento crítico para ser mejor.

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