Hubo una vez un programa de unos cómicos que ahora viven en el país desde donde un poderoso dispositivo de tergiversación mediática se ha empecinado en hacer creer que La Libreta es la causa de la escasez.
Lograron crear un ambiente en el cual atribuyeron a ese documento la culpa del desabastecimiento hasta el punto en que no fueron pocos los que pidieron su desaparición mientras otros argumentaron que se extinguiría según no fuera necesaria.
Por supuesto que hubo hechos favorables para denostar de la libreta de control de abastecimiento como el caso de que los productos se entregaban por igual a quienes gustaran de consumirlos o no.
También le queda la mancha de que hasta quienes son muy solventes y se dedican a revender y lucrar reciben los mismos beneficios de precios subvencionados, lo cual reduce las posibilidades de los realmente vulnerables.
Sin embargo, durante toda su existencia ha sido el muro de contención contra el desenfreno de los especuladores e inescrupulosos que aprovechan cualquier resquicio para enriquecerse en detrimento de los demás.
Estamos en el preciso momento en que se debe y puede implementar un perfeccionamiento y actualización de los procederes para controlar la distribución de los alimentos con justicia social y sobre todo, con protección a los más necesitados.
Vienen estos recuerdos al ver cómo personas de todas las edades emprenden cada día con buen ánimo, dispuestos a enfrentar el hecho de que pasa un día tras otro y la bodega permanece vacía sin nada que anotar en la libreta.
Por supuesto que los hay desanimados, desalentados, desilusionados, pero fuera de las influencias de populares cómicos dedicados a amargarles más la vida con cuentos de otras historias ajenas a la defensa de la felicidad individual y colectiva.
Con amor y buen humor se logran estados anímicos que permiten interpretar la dura realidad y hallar cómo esquivar la mayor cantidad de los golpes de esta vida llena de dificultades, algo que puede lograrse cuando la mente está clara y libre de interferencias malignas disfrazadas de comicidad.
Una cosa es hacer humorismo y otra subir al proscenio para burlarse del prójimo que sufre, y hacerlo bajo el falso manto de que se trata de un acto demostrativo de que el cubano se ríe de su propia desgracia, cuando en realidad sólo ríen los que no padecen.
Cabe preguntarse qué pasaría si en vez de abordar la deshumanización del presidente Trump en su guerra contra los inmigrantes, se trata burlonamente de cómo los cubanos con I220-A sortean las dificultades cotidianas.
Queda más poder decir. Queda para otra ocasión.
De La Libreta pueden contarse ya muchas historias, pero sin dudas que la distribución y venta de productos alimenticios es otra historia desde que se implementó ese documento de control, y eso bien lo saben los inescrupulosos a quienes en la década de los 60 del siglo pasado se les limitaron sus desmanes.

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