Habíamos acabado de salir de la Zafra de los Diez Millones, era 1971 cuando las radioemisoras cubanas, incluida el popular Nocturno, difundían la canción Aquellas Pequeñas Cosas en la que Joan Manuel Serrat evoca instantes pasados de felicidad.
La melodía puede interpretarse como un reconocimiento al significado de las pequeñas cosas ocurridas que dejan huellas imborrables e inspiran actos presentes sin que nos demos cuenta de por qué actuamos de una manera u otra.
El cantautor buscó inspiración en lo sucedido y pudo haber sido como respuesta para enfrentar situaciones presentes, y en medio de las actuales durezas de la vida, volvemos a escuchar aquella melodía que formó parte del álbum Mediterráneo (1971).
La música nos lleva a pensar que cosas simples y cotidianas cargadas de sentimientos, son capaces de revivir momentos lejanos, pero presentes en nuestras vidas y dan fuerzas para hacer realidad que recordar es volver a vivir. Y más.
Nadie puede sostener que adoptar esa actitud es fácil, pues en materia de comportamiento humano hay complejidades múltiples, diversas, que no siempre indican con exactitud de qué manera reaccionaremos.
El modo en que nos conduciremos ante una situación adversa o favorable dependerá de nuestra característica individual forjada desde la cuna y que se modifica positiva o negativamente durante toda la vida.
También procederemos de una forma u otra, o tomaremos un camino que puede ser en sentido contrario al que llevábamos en correspondencia con el contexto, a veces tan complejo que resulta difícil determinar los elementos que se deben tener en cuenta.
En cuanto a lo que nos rodea, si los hechos transcurren naturalmente, la vida ha demostrado que se enfrentan con más probabilidades de éxito, pero si hay fuerzas malintencionadas lo mismo internas que externas, la situación se hace más dura.
Sean cuales sean las circunstancias, porque los creamos individual o colectivamente, se presenten inesperadamente o se trata de situaciones esperadas, lo cierto es que hay posibilidades de que haya pequeñas cosas favorables y agradables.
No está mal que apliquemos la filosofía de que recordar es volver a vivir, pero si tenemos ojos para ver, oídos para oír, y todos los sentidos y sentimientos dispuestos, ante cada adversidad, siempre hay probabilidad de hallar algún aliciente.
Y no solo se tratará de favorecer estados anímicos, de reducir tristezas, incrementar esperanzas, restar desalientos, aumentar ilusiones para darle un sentido constructivo a la vida, sino también de hallar soluciones pequeñas, parciales o hasta completas.
Además de encontrar cómo arreglar en el presente un desajuste de los tantos que hay diariamente, también pueden descifrarse los golpes demoledores, inevitables que vienen, y entonces esquivarlos para hallar otras soluciones.
En fin, esas pequeñas cosas las hubo, habrá y ahora mismo están ahí.

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