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miércoles, 28 de enero de 2026

El ensayo «Nuestra América»: Camino hacia la emancipación

Es idea cardinal el despertar de la América como estrategia para acometer la batalla por su verdadera independencia ante el peligro que representaban los Estados Unidos...

Yusuam Palacios en Exclusivo 28/01/2026
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A inicios de enero de 1891, José Martí escribió el ensayo «Nuestra América». Imagen: Tomada de Cubaperiodistas
A inicios de enero de 1891, José Martí escribió el ensayo «Nuestra América». Imagen: Tomada de Cubaperiodistas

Nuestra América vive una hora muy dramática; pareciera haberla vivido siempre, el terrible drama de la colonización, de las apetencias imperiales por apoderarse de sus recursos naturales, del yugo opresor impuesto y la fractura de las identidades de los pueblos que la integran. Lo ocurrido en la República Bolivariana de Venezuela el pasado 3 de enero es expresión de la denigrante política imperialista proveniente del norte revuelto y brutal que nos desprecia y lanza fuego rapaz contra los hijos de la América nuestra. Ante este panorama desafiante asirnos a José Martí; a su propuesta emancipadora, a su alternativa descolonizadora; es vital. 

De ahí la importancia de volver a la obra martiana. Su lectura y análisis permite identificar ciertos rasgos que devienen premisas para enfrentar la agresión que, en el orden de las ideas, cultural, simbólico se nos hace de una forma despiadada y criminal. Creo importante, conectar, teniendo en cuenta la realidad que vivimos, el pensamiento de Martí con las urgencias de hoy. Para ello hurguemos, a 135 años de su publicación, en las esencias del ensayo martiano Nuestra América, cuyas ideas devienen elementos muy importantes para una estrategia descolonizadora: Acerquémonos a tres de ellos: 

El párpado abierto de nuestra América ante las amenazas y agresiones del imperialismo norteamericano, siendo el peligro externo y mayor de nuestras repúblicas: la pretensión de incorporarnos a su sistema de dominación económica, política y cultural; o apuntalarnos dentro de éste.

Despertar de la América como estrategia para acometer la batalla por su verdadera independencia ante el peligro que representaban los Estados Unidos. Esta idea es cardinal pues desde el comienzo de Nuestra América, Martí alerta, indirectamente, del peligro expansionista que acuñaba –“…y le pueden poner la bota encima”– el imperio estadounidense a la aldea americana. Esta alerta martiana lleva implícita una crítica a los pueblerinos que, por avivar su apetito vanidoso y egocéntrico, descuidan la guarda y custodia de su aldea y no saben del peligro anunciado. 

Ya coloca Martí, en el inicio ensayístico, el llamado al combate en defensa de nuestra América; éste con las armas del juicio, con las ideas, pues en lenguaje metafórico califica las armas del gigante de las siete leguas como de piedras: “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”. Más adelante, en la última parte de Nuestra América, vuelve Martí sobre el peligro externo y mayor de la región: los Estados Unidos y su tradición de conquista: “pero otro peligro corre, acaso, nuestra América, que no le viene de sí, sino de la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los dos factores continentales, y es la hora próxima en que se le acerque, demandando relaciones íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña”.

Urge para nuestra América seguir fortaleciendo su unidad ante el peligro que representan los Estados Unidos de Norteamérica; siendo consecuentes con el principio rector que preconiza la unidad en la diversidad que naturalmente tienen nuestros pueblos.

Urgencia de la unidad continental (de nuestra América) ante el peligro advertido. Los pueblos que no se conocen, apunta Martí, deben apurarse en hacerlo como si fueran juntos a salir al camino redentor; he ahí la esencia de la unidad latinoamericana, juntos a la lucha, en cuadro apretado, puestos en fila los árboles, porque “ya no –podíamos–  ser el pueblo de hoja, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades”.

Logro de una estrategia cultural coherente que sirva de freno a los intereses y hábitos del sistema económico, político y cultural que detenta el capitalismo, insostenible para dar respuesta a los problemas globales de la humanidad. 

Un sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores hacía falta en América; ésta se iba salvando de todos sus peligros que a lo interno la hicieron errar; ciertamente el problema de la independencia no se hallaba en el cambio de forma; esta era clara (república versus colonia) sino en el cambio de espíritu. Seguía la colonia en el seno de la república. Nos enuncia Martí cuan necesario era la asunción de lo que pudiéramos llamar una estrategia cultural de descolonización, que rompiera las ataduras dominadoras de antaño y oxigenara la nueva política. Había que hacer causa común con los oprimidos precisamente para así afianzar el sistema que se opondría a las pretensiones, conductas y prácticas de los opresores. “El tigre, espantado del fogonazo, vuelve de noche al lugar de la presa. Muere echando llamas por los ojos y con las zarpas al aire. No se le oye venir, sino que viene con zarpas de terciopelo. Cuando la presa despierta, tiene al tigre encima”.

Había pues que contar, en los tiempos reales que se vivía, con el hombre real que le nacía a la América. Un mensaje directo a la juventud, al nuevo negro, indio o campesino: era imprescindible el pase generacional –con que agudeza política– describe el Maestro el cambio en nuestra América; y sólo con la creación podía lograrse, había que crear, no quedaba otra alternativa si realmente queríamos salvar la América. Retrato hermoso de los jóvenes en su más ferviente creación, en un profundo activismo que se traduce en el despertar de la vida, en la llegada de la cálida primavera luego del frío y gris invierno:

“Las levitas son todavía de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América. Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear, es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino!”. Hay en Martí un constante desvelo por la defensa de lo americano, de lo que nos es dado por naturaleza, con sus características propias; expresado bajo el símil del vino. Este es dulce y es nuestro por antonomasia, porque es de plátano; ahora bien, si saliera agrio (y que conste que sería por nuestra mala cosecha o producción), tenemos que aceptarlo porque es nuestro vino; y rectificar para que recupere su dulce natural. He ahí la estrategia que significa de igual modo política en América Latina y el Caribe para que no muera la república que ha de ser de todos, abrazar a todos y adelantar con todos. 
 
Es preciso salvar la cultura, salvarnos de la hegemonía capitalista, imperialista y neoliberal, destructiva por naturaleza. Para ello tenemos que despojarnos completamente del sistema de valores, costumbres y hábitos que dicha hegemonía presenta, que nada tienen que ver con nosotros. Asumamos una educación popular que sea liberadora, que haga parte de una estrategia descolonizadora. Es imprescindible ser originales, salir de los caminos trillados, de prácticas dogmáticas que atentan contra la capacidad creadora de nuestros pueblos. Ahí están las claves del camino hacia la emancipación contenido en el ensayo martiano Nuestra América. 


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Yusuam Palacios


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