Hay instituciones que son puntera de determinados procesos. Algunas tan determinantes, que pueden revolucionar todo un país. Ese es el caso de la Universidad de La Habana, escenario de muchas batallas. Los pilares de la creación de las revoluciones. La misma institución gestora de tanta gloria no podía bajar la bandera cuando llora la patria. Más bien el Alma Mater extiende sus brazos esta vez para denunciar la barbarie. Sí, pues lejos de su regazo 32 de sus hijos fueron asesinados por un imperio voraz, el mismo que tanta sangre y dolor ha provocado en este continente.
El pequeño pero sentido homenaje de los jóvenes de la Universidad de La Habana, a los mártires que en tierras venezolanas pelearon duro para defender un pueblo amigo, dejó clara la posición cubana en defensa de la paz y la justicia. Aquí está la alta casa de estudios con su mensaje preciso en contra de los desmanes del imperio, en clara denuncia por el secuestro del Presidente venezolano y su esposa, en el más burdo irrespeto a la legalidad internacional.

Nadie quiere una guerra. No existe la bomba buena o mala. De cualquiera de las partes alguien tendrá lamentos por sus seres queridos. Pero que no queda dudas que esta tierra peleará su libertad hasta el último de sus valerosos hijos. Mientras, acá hay una madre que se retuerce de dolor por el hijo héroe. Una niña ha quedado sin el cariño de su papá. Una muchacha sin el ansiado regreso de su amor. Un amigo sin su compa de aventuras o confidencias. Son 32 rosas blancas abatidas con sangre. Son días lúgubres y peligrosos los que estamos viviendo, pero este es un pueblo de patria o muerte ¡Y que viva Cuba, caray!.

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