//

sábado, 24 de enero de 2026

La conversación

Ellos preguntan y nosotros debemos enfrentarnos a estereotipos y creencias, a temas que nos resultan difíciles o vergonzosos...

Yeilén Delgado Calvo
en Exclusivo 24/01/2026
0 comentarios
Hablarles a los niños con total franqueza nos pone a los adultos en un lugar incómodo; pero lo incómodo no es necesariamente malo. Ilustración: César Mejías / eldefinido.cl
Hablarles a los niños con total franqueza nos pone a los adultos en un lugar incómodo; pero lo incómodo no es necesariamente malo. Ilustración: César Mejías / eldefinido.cl

Creo que un medidor importante del éxito de la crianza es que nuestros hijos nos cuenten todo lo que les pasa por la cabeza, sin filtro. Que pregunten, cuestionen, opinen.
Significa que nos tienen confianza, que saben que serán escuchados, sin que lo que digan resulte motivo de regaño, sin que nadie se escandalice.
A veces, es cierto, hablarles a los niños con total franqueza (siempre respetando su autonomía progresiva) nos pone a los adultos en un lugar incómodo; pero lo incómodo no es necesariamente malo.
Ellos preguntan y nosotros debemos enfrentarnos a estereotipos y creencias, a temas que nos resultan difíciles o vergonzosos; justo esa es la vía por la cual criar implica, también, crecer.
Una mañana de hace pocos días, estaba peinando a mi hija para la escuela, cuando mi hijo, que desayunaba, me preguntó: “¿mamá, cuando yo sea grande, tú te vas a morir?”.
No fue una pregunta más, pude sentir su verdadera angustia. Le dije que no, que yo era joven y que cuando él ya fuera un hombre, a mí me quedarían muchos más años de vida, antes de ser viejita.
Pero la infancia es sagaz, y enseguida mi hija apostilló: “mamá, pero hay personas que mueren jóvenes”.
No es un tema que me guste hablar y menos con ellos; pero si la duda estaba había que afrontarla, así que les expliqué de forma muy sencilla, sin crearles alarma, que pueden pasar accidentes o enfermedades, que por eso hay que tener mucho cuidado e ir al médico; que la muerte es natural, como el nacimiento, y forma parte de la vida. Y les aseguré que lo más frecuente es hacerse una persona mayor. 
Sin respiro, me preguntaron que dónde morían los viejitos, que si se podía volver después de morir, que si me iban a ver otra vez, que si los muertos eran esqueletos como los de Coco, y que por qué los esqueletos desaparecen si los olvidan.
Estoicamente, aguanté. Y me di cuenta de algo esencial: mientras yo estaba tensa, aparentando calma, ellos dos estaban realmente calmados, sosteniendo una conversación normal de un tema que para mí y otros muchos es tabú, mezclando sus conocimientos con la imaginación, aclarando dudas y temores lógicos.
Mamá es uno de sus lugares seguros; “mamá no dice mentiras”, es una frase que les repito cual mantra, así como “con mamá no hay secretos”, “a mamá se lo pueden contar todo”. Trato de estar a la altura, todos los días.
Cierto que la responsabilidad de ser madre o padre supera por mucho la de una amistad; pero hablar con los hijos, como si de amigos se tratasen, abre un canal de diálogo esencial. Así los conocemos mejor, y protegemos, y nos conocen a nosotros.
Hablar es también educar. Comunicarnos edifica familia, vínculo, amor.


Compartir

Yeilén Delgado Calvo

Periodista, escritora, lectora. Madre de Amalia y Abel, convencida de que la crianza es un camino hermoso y áspero, todo a la vez.


Deja tu comentario

Condición de protección de datos