Este humildísimo redactor no pretende redescubrir el agua tibia diciendo que cuando se lleva algo nutritivo bajo el bigote, o se felicita de poseer techo acogedor, se convence de que su existencia resulta bastante viable. Pero quedaría incompleto lo declarado si no agregamos otro elemento básico: el vestuario.
Y este último ingrediente se refleja, con abundancia, en el sermo vulgaris cubensis. Sí, en el habla popular cubana.
Veamos a continuación un pequeño botón de muestra, términos de uso común o que solo recuerdan quienes peinamos canas (y quienes nada peinan):
AJUSTADOR. Leo en algún diccionario: “…el obrero que ajusta las piezas, para que encajen en su sitio”. No es así entre nosotros. En Cuba ajustador es lo que en Francia llaman brassiere, o sea, la prenda que sostiene los pechos de las damas. (¡Qué envidia!).
BAJICHUPA. Curiosa denominación que los cubanos escogimos para la prenda femenina que en otras latitudes nombran tope.
BALÍN. Pantalones.
BATILONGO. Forma, algo despectiva, de referirse a una bata.
CAGUA. Sombrero.
COBA. Vestimenta, en especial cuando es de superior calidad.
CUTARA. En la porción oriental de Cuba, chinela, chancleta.
CHOL. Nuestra versión de lo que los anglófonos nombran short.
ENAGUA. Sayuela. (Es voz de origen taíno).
ENCORIOCO. Zapato. (El término solo suele escucharse en boca de los ancianos).
FAJA’O (ESTAR). Vestirse con mal gusto, de manera que las prendas no combinen. (Por ejemplo, un pantalón a rayas y una camisa a cuadros).
GANGARRIA. Adorno escandaloso, de pésimo gusto.
LIMA. Camisa. (Algunos han rastreado su origen hasta el latín vulgar).
MEDIAS. Así llamamos, invariablemente, a los calcetines.
PANTI. La prenda femenina que en inglés llaman pantyhose.
PITUSA. El pantalón que los de habla inglesa denominan jean. (Se asegura que el nombre surgió de una marca de fábrica).
TANGA. Prenda de baño femenina. Su brevedad —que supera a la del bikini— ha ocasionado muy graves trastornos psíquicos y cardíacos entre nuestra población masculina.
COMO DESPEDIDA, LA PRENDA DE LAS PRENDAS
Asegura gente bien informada, que nació en tierras espirituanas y que, aludiendo al curso fluvial irrigador de aquella comarca, originalmente la llamaron yayabera.
Fresca: Como concebida para nuestros veranos, que diseñó Satanás en sus calderas hirvientes.
Útil: Sus cuatro bolsillones la convierten en algo así como una mochila.
Elegante: Por su profusión en cuanto a botonadura y alforzas.
Viril: Lo cual permite que, cuando la viste alguna de nuestras damas, la femineidad se resalte, como un estallido que nos deja por tierra.
Patriótica: Quien lo dude que se asome a las imágenes de los libertadores.
Por todo eso, este modesto redactor aprovecha la oportunidad para susurrarles un ruego a quienes se ocupen de mis exequias: Queridas amigas, amigos dilectos, a mí… a mí… a mí ¡que me entierren vestido con una guayabera!
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